Oro porque el Señor les dé un corazón íntegro y ponga un espíritu renovado. Que arranque todo corazón de piedra y en su lugar ponga un corazón de carne (Ezequiel 1: 19), que entienda lo que el Padre que está en el cielo revela (Mateo 16: 17), que tenga ojos para ver y oídos para escuchar el llamado del Señor, escuchen su voz que los llama e invita a beber del agua de vida, aquellos que tengan sed vengan y beba del manantial de vida eterna, aquellos que no tienen dinero vengan y compren su vino. El los llama y los invita a vivir una nueva vida en El, libre de ataduras del pasado, libre de miedos, libre de pecado porque El ya pago por ellos en la cruz. El nos liberó de la oscuridad y en El tenemos vida, tenemos luz. El dice Yo soy el camino la verdad y la vida y nadie llega al Padre sino por mí (Juan: 14:6). Pero … ¿Quién es Jesús? Jesús es el hijo de Dios y es Dios. En el principio ya existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros (Juan 1: 1,14). ¿Su hazaña? Dios Padre puso todos nuestros pecados, errores, transgresiones, equivocaciones; pasados, presentes y futuros sobre El. Jesús los aceptó así como también el castigo del pecado que es la muerte. Sí, El murió por nosotros en esa cruz. El fue nuestro sustituto en ese madero. Fue el Cordero de Dios. Fue sepultado y resucitado por la Gloria de Dios Padre hace 2000 años. Pero porque murió nos liberó del pecado, del dominio de la oscuridad y porque resucitó nos dio el regalo de tener vida eterna con El. Y desde ya El está sentado a la derecha del Padre intercediendo por nosotros (1 Corintios 15: 3,4). El dio su vida por ti y por mí para que a través de El pudiéramos tener una relación espiritual con el Padre. Nosotros estamos espiritualmente muertos, somos naturalmente hostiles hacia todo lo referido a El, esa es nuestra actual naturaleza y aunque quisiéramos ser mejores no lo logramos. Sólo alguien perfecto y El fue perfecto. Nacido del Espíritu de Dios fue engendrado no creado. Y caminó entre nosotros, nos amó y sufrió como nosotros. El quiso dar su vida a cambio de la nuestra. Como El es Dios, fue un sacrificio perfecto, sólo uno, por toda la eternidad, y nos salvó. Sabes, si confiesas que Jesucristo es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo (Romanos 10:9). Reflexiona en lo que te digo, y el Señor te dará una mayor comprensión de todo esto. No dejes de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos (2 Timoteo 2: 7,8). Pon tu fe en Jesucristo, en su muerte y en su resurrección. El está esperándote y desea caminar contigo desde ahora, y por Su gracia entregarte Su gloria eterna (1 Pedro 5:10). Vamos al Padre, conozcamos a Jesús, mientras haya aliento de vida. Porque pocos son los días y muchos los problemas que vive el hombre nacido de mujer. Es como las flores que brotan y se marchitan; es como efímera sombra que se esfuma (Job 14: 1,2). Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas “No encuentro en ellos placer alguno”; antes de que dejen de brillar el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de las lluvias (Esclesiastés 12: 1,2). Acuérdate de tu Creador antes que se rompa el cordón de plata y se quiebre la vasija de oro, y se estrelle el cántaro contra la fuente y se haga pedazos la polea del pozo (Esclesiastés 12: 6). Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio.” (Esclesiastés 12:7) Se acerca lo que unos llaman la Semana Mayor, otros, Semana Santa, lo cierto es que en esa fecha ocurrió la muerte y la resurrección de Jesucristo. Recordemos que El es el mismo niño Jesús de la natividad. El nació para morir por nosotros. Esa fue Su misión. El fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades; sobre El recayó el castigo precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero El Señor hizo recaer sobre El la iniquidad de todos nosotros. Maltratado y humillado ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca. Después de aprehenderlo y juzgarlo, le dieron muerte; nadie se preocupó de su descendencia. Fue arrancado de la tierra de los vivientes, y golpeado por la transgresión de mi pueblo. Se le asignó un sepulcro con los malvados, y murió entre los malhechores, aunque nunca cometió violencia alguna, ni hubo engaño en su boca. Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y como El ofreció su vida en expiación, verá sus descendencia y prolongará sus días, y llevará a cabo la voluntad del Señor (Isaías 53: 5-10). Después de su sufrimiento, verá la luz y quedará satisfecho; por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos. Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes, y repartirá el botín con los fuertes, porque derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los transgresores (Isaías 53: 11-12). Cargó con el pecado de muchos, e intercedió por los pecadores ((Isaías 53: 12b). Así dice Dios, el Señor, el que creó y desplegó los cielos; el que expandió la tierra y todo lo que ella produce; el que da aliento al pueblo que la habita, y vida a los que en ella se mueven: Yo, el Señor te he llamado en justicia; te he tomado de la mano. Yo te formé, Yo te constituí como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas (Isaías 42: 5-7). Busquémoslo, con un corazón humilde, verdadero, en arrepentimiento, El tiene sus brazos extendidos hacia nosotros, abracémoslo. Hoy Jesucristo nos llama, mientras ese hoy dure, vamos hacia El. Si nunca has entregado tu vida a El, llámalo, no a los ángeles, no a los santos, a El, a Jesucristo único Dios y Salvador. Si hoy no has recibido Su salvación –que es su regalo, no es por nuestras obras sino por su gracia-, si no le has confesado tus pecados y no te has entregado a El, hazlo ahora. Si hasta ahora has sido una persona que ha pasado su vida abrazando al mundo, preocupado (a) por lo que vas a hacer y será tu vida, ¡para en este momento! y pregúntale: Señor, dime qué quieres que yo haga en esta vida como preparación para la vida venidera. Señor yo no quiero que cuando llegue el momento de ver tu cara me sienta avergonzado (a) y oírme decir: yo debí hacer esto… y aquello…. Dios y Señor mío háblale a mi corazón. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa –le dijo Jesús- … porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19: 9,10) El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aún la realizada en secreto (Esclesiastés 12: 13,14). Te alabamos Dios, Tu nombre es Señor Todopoderoso, a Ti sea toda gloria, honor y majestad por siempre. Gracias Jesús por Tu gran amor y salvación que son eternos. En el nombre de nuestro Señor Jesús. Amén. |